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El escritor español Jesús Ferrero vuelve al género de aventuras de la mano de su nueva novela “Las fuentes del Pacífico”, publicada por la editorial Siruela. El que fuera autor de ‘Las trece rosas’, libro llevado recientemente al cine de la mano de Emilio Martínez Lázaro presenta esta vez una novela épica en la que ha pretendido aunar “narración” y “mito” para conseguir que el lector viviera una experiencia “placentera”, aunque no exenta de “dolor”. “ 

Durante la presentación del libro, Ferrero confesó que ha dedicado esta historia “marina” o de un “naufragio” a hombre de “tierra” y de fuertes raíces, como es Miguel Delibes, con quien mantiene una relación de amistad “epistolar”.

La trama de la obra se basa en la travesía que emprenden siete personajes en busca de los orígenes del Rey de los Océanos. La obra data del siglo XIX. Todo comienza con la aparición de un manuscrito, que Ferrero reproduce íntegro en las primeras páginas del libro, que incluye los datos necesarios para llegar al Pacífico y desentrañar el misterio. Así que los lectores ya saben, en una de estas pueden adelantarse hasta a los personajes del libro en una aventura que el novelista calificó de “naufragio” y “tragedia”.

Dos novelas en una

Jesús Ferrero se ha propuesto crear dos novelas en una en ‘Las fuentes del Pacífico’. Así, por una parte sitúa la trama en la búsqueda de las fuentes y, por otro lado, incluye los monólogos de Ambroisine, amante de uno de los personajes que viaja en pos del Rey de los Océanos y que permanecerá en Barcelona durante el viaje de éste. Gracias a Ambroisine, Ferrero consigue una “reflexión sobre las pasiones humanas y todo lo que surge de la experiencia del deseo”. Y, precisamente, son esas pasiones las que finalmente desencadenarán un cambio en el personaje principal, Benito, periodista especializado en sucesos que heredó de su padre el manuscrito del Pacífico.

Por último, Jesús Ferrero aseguró que con ‘Las fuentes del Pacífico’, se propuso hacer filosofía, aunque solamente en los momentos oportunos pues ninguna narración debería ser “propiamente un texto filosófico”, opinó.