
LA CONJURA DE LOS NECIOS: CUANDO SE UNEN LA COMEDIA Y LA TRAGEDIA
Érase una vez un hombre llamado Ignatius J. Reilly, un hombre que contaba treinta y muchos años, varios kilos de más y un penoso gusto en el vestir. Y, por si esto fuera poco, un hombre que a sus años viven mantenido por una madre casi anciana y ya artrítica a la que trae por la calle de la amargura. La vida de ambos experimentará un gran cambio cuando Ignatius, para pagar los daños de un accidente de tráfico, se ve obligado a dejar de lado su faceta de escritor para buscar trabajo. Con este planteamiento, nace ‘La Conjura de los necios’, una delirante novela que surgió de la pluma de John Kennedy Toole, pero que éste no llegaría a ver publicada ya que se suicidó a los 32 años. Curiosamente, fue su madre la que, tras el trágico fallecimiento de su hijo, consiguió que la obra de éste viera la luz. Dado que Toole era soltero y también residía con su madre, la creencia de que Reilly era el alter ego de Toole está más que extendida, pero todo son conjeturas.
Lo que bien es cierto es que tenemos entre manos una novela que, no en vano, se hizo con el Premio Pulitzer ya que retrata una desesperanzadora pero no por ello menos cierta visión del género humano. Hagamos, pues, un pequeño repaso de la galería de los principales personajes que desfilan por las páginas de ‘La Conjura de los necios’. En primer lugar y, como ya apuntábamos encontramos a Ignatius J. Reilly, nexo de unión de todos el elenco de la novela. Un hombre crecido de sí mismo, que a pesar de ser incapaz de valerse solo disfruta aleccionando a todo aquel que se cruce y criticando todo lo que ve. Para que su pensamiento filosófico no se pierda en el olvido, Ignatius dedica gran parte de su tiempo libre, que es bastante, a recoger sus textos filosóficos con la esperanza de poder publicarlos algún día. Y, lo que le queda, lo destina a cartearse con Myrna Minkoff, su némesis y a la ver su mejor reflejo, una antigua compañera de universidad amiga del amor libre y las relaciones humanas con la que rivaliza constantemente. Mientras tanto, la Sra. Reilly, su madre, hace encaje de bolillos para sacar adelante a su hijo, apostado en su habitación y demasiado ocupado entre disertación y disertación como para contribuir a la buena marcha de la casa. Todo cambiará cuando la Sra. Reilly conozca a Santa, una mujer de su misma edad que le enseñará lo divertido que puede ser pasar la tarde en la bolera con alguna que otra bebida como acompañamiento.
En el extremo opuesto a Ignatius encontramos al Patrullero Mancuso, sobrino de Santa, un policía que se deja someter a todo tipo de humillaciones por el sargento de su comisaría, mientras sueña con ser ascendido. Mancuso se ve obligado, entre otras cosas, a disfrazarse de payaso para buscar delincuentes en sitios como el baño de una estación de autobuses. Y todo por no perder su empleo.
Por otro lado, se encuentra el personal del ‘Noche de Alegría’, un tugurio de mala muerte regentado por Lana, una ‘empresaria de la noche’ que cada vez lo tiene más difícil para esconder a sus chicas de streaptease de las redadas de la policía mientras mantiene ilegalmente a un empleado de la limpieza que acaba de salir de la cárcel y a una bailarina sin mucho cerebro.
Todos luchan por vivir o mejor dicho por sobrevivir en una sociedad que se ubica en Nueva Orleans pero podría estar en cualquier parte y, de una forma o de otra, la aparición de Ignatius en sus vidas marcará un hito en éstas. Y, es que, como decís Johnathan Swift, “cuando un verdadero genio aparece, todos los necios se conjuran contra él”.
Kennedy Toole, John. La conjura de los necios. Ed: Anagrama. Col: Compactos. Pág: 365. Precio: 10 euros.



