LA TRILOGÍA DE NUEVA YORK: EL HOMBRE QUE SE PERDIÓ A SÍ MISMO

“La trilogía de Nueva York”, formada por tres historias independientes: “Ciudad de cristal” (que cuenta con una adaptación en novela gráfica), “Fantasmas” y “La habitación cerrada”, supuso el lanzamiento a escala internacional del escritor americano Paul Auster. No en vano, la obra engancha desde la primera página hasta la última transportando al lector a un mundo inverosímil y llevado al extremo en el que escritores y detectives se pierden a sí mismos en pos de resolver crímenes sin solución en el marco oscuro de Nueva York.

 

Es posible que halla algo de Auster en el protagonista de “Ciudad de cristal”, es posible que halla algo de todos nosotros, esa parte de cada uno que ama la aventura y siente atracción por lo desconocido o arriesgado. Por eso cuando Daniel Quinn recibe esa llamada equivocada asume la identidad del detective privado Paul Auster. A partir de ese momento, Quinn pondrá todo su empeño en resolver el misterio de Peter. Un hombre maltratado en su infancia por su padre, actualmente desaparecido. Además conocerá a Virginia, su enfermera, de la que se enamorará perdidamente. Poco a poco Quinn se adentrará tanto en el caso que terminará por creer su propia mentira y pensar que es el detective Paul Auster.

 

Los personajes de “Fantasmas”, la segunda historia de la trilogía, son poco más que eso, fantasmas. Su identidad es tan difusa que ni siquiera tienen nombres convencionales, sólo son Azul, Blanco y Negro. Una vez más, estamos ante una investigación policiaca que transcurre en Nueva York. Esta vez, Blanco quiere que Azul siga a Negro. Blanco es un marido celoso que sospecha de su mujer y aunque a priori, a Azul no le entusiasma el caso termina por aceptarlo por necesidad. Azul comienza pues a investigar a Negro. Y tanto comienza a investigar que poco a poco se va perdiendo a sí mismo completamente imbuido en las actividades diarias de Negro. La observa mientras lee, mientras compra el pan o ve la televisión en el sofá. La observa desde un escondite en la calle que termina por convertirse en su hogar cuando pierde su apartamento. La observa tanto que parece que ha olvidado lo que es, hasta el punto que cuando se vuelve a encontrar con Blanco siente tanto aprecio por Negro que decide apuntarle con una pistola resuelto a disparar.

 

“La habitación cerrada”, que pone el broche de oro a la trilogía sigue la estela de sus dos predecesoras. Aunque a diferencia de éstas, esta historia está narrada en primera persona. Una vez más, Auster juega con la ausencia de identidad, esta vez con un protagonista que no tiene nombre. Ya no estamos ante un detective, sino ante un escritor que, al igual que en “Ciudad de cristal”, se ve inmerso en una investigación casi por accidente. Y, es que, Fanshawe, amigo de la infancia del protagonista ha desaparecido y su mujer, Sofía decide pedir ayuda a éste para encontrarle. El conflicto surgirá cuando la admiración que siempre sintió por Fanshawe, no sólo porque éste era mejor escritor que él sino también por su esposa, se convierta en envidia y el protagonista desista de encontrar a su amigo y opte por suplantarle. De esta manera, cuando ambos se reencuentren, Fanshawe se mostrará casi anulado, hablando con su compañero a través de las rendijas de una puerta, como si éste hubiera absorbido su personalidad.

 

A pesar de tratarse de historias independientes, el autor hace gala de una gran capacidad de relación para transportar al lector a una Nueva York onírica, casi irreal, escenario de procesos mentales en los que los personajes divagan tanto que se pierden a sí mismos. Para resaltar más el concepto de identidad, Auster pasa de un protagonista con nombre y apellidos a otro que apenas es un color para terminar con uno que no tiene ni nombre. Para descolocar aún más al lector, el escritor utiliza su propio nombre, como si se tratara de un personaje más, consiguiendo transmitir la sensación de desasosiego del que no recuerda ni siquiera quien es.

Auster, Paul. “La trilogía de Nueva York”. Ed: Anagrama. Col: Panorama de narrativas. Pág: 335. Precio: 18 euros.